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¿Por qué me cuesta recibir placer? Cuando el cuerpo aprendió a estar en control

Foto del escritor: Re edición Zelda Zonk
Re edición Zelda Zonk
12 sept
5 min de lectura

Hay personas que saben perfectamente cómo dar.

Dar cariño.

Dar atención.

Resolver.

Cuidar.

Sostener.

Estar disponibles.

Pero cuando la experiencia cambia y alguien intenta darles algo a ellas, aparece una incomodidad extraña.

No saben quedarse quietas.

Se ponen a pensar.

Quieren devolverlo.

Quieren hacer algo.

O, simplemente, no consiguen sentirlo completamente.

Y durante mucho tiempo podemos creer que eso significa que no sabemos disfrutar.

Yo cada vez lo veo de otra manera.

Quizá no nos cuesta recibir placer. Quizá nos cuesta dejar de estar al mando.

La mujer que puede con todo ¿Por qué me cuesta recibir placer?

Durante años yo misma miré con cierta dureza a mujeres que necesitaban ayuda.

Me parecían dependientes.

Incluso me sorprendía cuando una amiga decía que no sabía cocinar o que necesitaba a alguien para ciertas cosas.

Mi pensamiento era bastante simple:

“¿Cómo puede sobrevivir así?”

Y cuando alguna se separaba y poco después volvía a enamorarse, yo pensaba:

"¿Por qué no puede estar sola?"

No entendía algo.

Yo estaba confundiendo no necesitar a nadie con ser fuerte.

Y estaba llamando debilidad a una capacidad que hoy veo de otra manera:

la capacidad de necesitar, recibir y dejarte acompañar.

¿Te cuesta recibir placer

Recibir significa permitir que algo llegue hasta ti

Esto parece una frase sencilla.

Pero prueba a llevarla al cuerpo.

Alguien te acaricia.

No tienes que hacer nada.

No tienes que corresponder.

No tienes que demostrar que te gusta.

No tienes que conseguir una reacción.

Solo recibir.

Y para algunas personas eso puede resultar sorprendentemente difícil.

Porque recibir implica que algo externo tiene permiso para afectarte.

Y dejarte afectar implica vulnerabilidad.

Entonces aparece el control.

La cabeza.

La vigilancia. ¿Por qué me cuesta recibir placer?

El "¿lo estoy haciendo bien?".

El "¿qué debería sentir?".

Y la experiencia empieza a alejarse.

La investigación sobre sexualidad y atención ha encontrado precisamente que el autojuicio y los procesos de autoevaluación pueden interferir con la capacidad de registrar las respuestas corporales.

En mujeres, una mayor conciencia interoceptiva se ha relacionado con mejores indicadores de respuesta sexual, y algunas intervenciones basadas en mindfulness han mejorado esa capacidad de registrar lo que ocurre en el cuerpo.

A veces el problema no es el placer. Es el permiso.

Aquí aparece una pregunta mucho más incómoda:

¿Por qué siento que tengo que merecer lo bueno que me pasa?

¿Por qué siento que primero tengo que trabajar?

Ser útil.

Resolver.

Cuidar.

Demostrar.

Ser buena.

Y después, quizá, puedo descansar.

Quizá puedo recibir.

Quizá puedo disfrutar.

Ese aprendizaje puede instalarse tan profundamente que, cuando finalmente aparece algo bueno, no sabemos simplemente dejarlo entrar.

Hay que hacer algo con ello.

Hay que devolverlo.

Hay que justificarlo.

Hay que ganárselo.

¿Te cuesta recibir placer

Cuando necesitar se convierte en algo vergonzoso

Hace poco estuve muy enferma.

Y hubo un momento en que apareció una frase que me sorprendió:

“Necesito a mi mamá.”

No a mi mamá adulta, necesariamente.

A la mamá que necesitaba cuando era niña.

A la que necesitaba cariño, brazos, calor, presencia.

Y apareció una comprensión muy física:

necesitar también es humano.

No era debilidad.

No era regresión.

Era una necesidad que existía.

Y si existe, merece poder ser sentida.

Ese día entendí algo que también aparece en el placer:

quizá parte de nuestra dificultad para recibir viene de haber aprendido demasiado pronto que necesitar algo era algo que había que esconder.

Lo que aprendimos fuera de la cama también entra en ella

La sexualidad no es un compartimento aislado.

Una persona que durante su vida aprendió a controlar todo puede encontrarse con ese mismo patrón cuando intenta recibir placer.

No porque exista una fórmula:

"control = disfunción sexual."

La sexualidad es mucho más compleja.

Pero sí existe una relación entre atención, ansiedad, autoevaluación, conciencia corporal y respuesta sexual. Los estudios sobre mindfulness y sexualidad femenina han encontrado mejoras en deseo, excitación y otras dimensiones de la función sexual en determinados grupos, aunque los mecanismos y resultados no son uniformes.

Por eso me interesa observar qué sucede en el instante en que algo agradable comienza a ocurrir.

Ahí suele haber mucha información.

¿Te cuesta recibir placer

¿Te quedas o vuelves a la cabeza?

Imagina una caricia muy suave.

Tan suave que apenas existe.

Si estás presente, empiezas a descubrir matices.

El cambio de temperatura.

La presión.

El movimiento.

La textura.

La piel respondiendo.

La respiración.

Pero si tu atención se va inmediatamente a la cabeza, quizá empieces a pensar:

"¿Eso era placer?"

"¿Debería sentir más?"

"¿Por qué no siento más?"

"¿A él le estará gustando?"

Y entonces sucede algo curioso.

Dejas de experimentar y empiezas a evaluarte.

La experiencia sigue ocurriendo.

Pero tú ya no estás completamente dentro de ella.


Por eso en consulta no siempre buscamos más

Esta es una de las cosas que más me interesan del trabajo corporal.

Cuando una persona dice:

"Quiero sentir más."

La respuesta no siempre es:

"Necesitas más estímulo."

A veces es:

"Necesitas volver a sentir lo pequeño."

Una textura.

Una respiración.

El peso de una mano.

Una temperatura.

Un roce.

El cuerpo no necesita un impacto cada vez mayor para demostrarnos que puede sentir.

Necesita que dejemos de pasar por encima de las señales pequeñas.


El placer no se fabrica

En mis procesos con parejas hacemos algo muy sencillo: un mapa del placer.

No empezamos preguntando qué técnica gusta más.

Empezamos explorando.

La mano recorre.

Se detiene.

Vuelve.

Cambia.

Y aparece algo que muchas personas encuentran fascinante:

el placer estaba ahí.

No necesitaban encontrarlo.

No necesitaban aprender una técnica secreta.

No necesitaban llegar a una zona "correcta".

A veces estaba en una caricia diminuta.

En la yema de los dedos.

En una respiración.

En los labios.

En un contacto que jamás habían considerado importante.

El problema no era la ausencia de placer.

Era que nadie les había enseñado a prestarle atención.

¿Te cuesta recibir placer

Recibir no significa entregarle el control a otra persona

Y aquí quiero hacer una distinción importante.

Recibir no significa someterte.

No significa aceptar todo.

No significa necesitar a alguien para sentirte completa.

No significa renunciar a tus límites.

Puedes recibir y seguir siendo soberana.

Puedes dejarte cuidar y seguir siendo libre.

Puedes permitir que otra persona te afecte y seguir pudiendo decir:

sí.

no.

más despacio.

hasta aquí.

La verdadera apertura no elimina la soberanía.

La necesita.


Quizá lo que hay que soltar no es la armadura, sino el esfuerzo

A veces hablamos de "quitarse la armadura" como si hubiera que hacer un gran trabajo para conseguirlo.

Y quizá no.

Quizá se trata de dejar de sostenerla.

Dejar de sostener la imagen.

Dejar de sostener el control.

Dejar de pensar que tienes que demostrar que mereces disfrutar.

Porque el placer no es un premio.

No tienes que ganártelo.


Y entonces aparece una pregunta mucho más interesante

No:

"¿Cómo hago para recibir más placer?"

Sino:

"¿Qué se interpone entre mi cuerpo y el placer que ya está disponible?"

Puede ser vergüenza.

Puede ser miedo.

Puede ser autojuicio.

Puede ser la necesidad de controlar.

Puede ser una historia antigua sobre el hecho de necesitar.

Puede ser simplemente que llevas demasiado tiempo viviendo en la cabeza.

Y quizá no tengamos que luchar contra ninguna de esas cosas.

Solo empezar a verlas.

Sentirlas.

Y dejar de obedecerlas automáticamente.

El placer no está esperando a que seas mejor

Está ocurriendo.

Ahora.

En tu respiración.

En tu piel.

En el calor.

En el movimiento.

En la presencia.

En la posibilidad de recibir.

La pregunta no es si eres suficientemente buena para sentirlo.

La pregunta es:

¿puedes quedarte lo suficiente para darte cuenta de que ya está ahí?

¿Te cuesta recibir placer

Este es el trabajo que exploramos

En Sexuality Reset trabajamos precisamente con las creencias y patrones que interfieren con nuestra capacidad de sentir y recibir, para volver a establecer una relación más consciente entre cuerpo, emociones, deseo y placer. https://www.zeldabdsm.com/sexualityreset


Y en mi trabajo de Tantra, la exploración corporal y la presencia permiten descubrir que el placer no tiene que ser perseguido para existir. https://www.zeldabdsm.com/tantra


Diana Mena Coach de parejas e intimidad basada en tantra. Masajista terapéutica. Dominación Consciente. Tallerista y divulgadora.

Diana Mena Tantra Coach


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