Relato erótico consciente: cuando una pareja descubre el arte de rendirse al cuerpo
- Re edición Zelda Zonk

- 20 ene
- 3 Min. de lectura
Ella llegó primero. Había entrado a la sala con ese silencio que traen quienes están cansados de pensar y listos para sentir. Él llegó un minuto después, con el pecho un poco tenso y la respiración atrapada entre las costillas.
Venían a buscar algo que habían perdido sin darse cuenta: la forma de tocarse sin miedo a romperse.
Les pedí que se sentaran frente a frente. No para verse, sino para reconocerse.Las piernas casi rozándose. Las manos sobre los muslos. La respiración a la espera de sincronizarse.
—No hablen —les dije—. Dejen que sus cuerpos conversen primero.
El primer hilo Relato erótico consciente: cuando una pareja descubre el arte de rendirse al cuerpo
Ella exhaló primero, larga, confiada. Él la siguió, un poco torpe, pero presente. La habitación empezó a llenarse de una electricidad suave, esa que solo aparece cuando dos cuerpos empiezan a recordarse.
Les pedí que acercaran las manos sin tocarse. Uno o dos centímetros de distancia. Ese margen exacto donde el deseo respira.
Sus campos se encontraron antes que sus dedos. Ella sonrió. Él tragó saliva. Y ahí, sin contacto, empezó a suceder.

La entrega lenta
Moví la mano de ella hacia el pecho de él. Despacio. Con la calma de quien guía un ritual, no un gesto cotidiano.
Cuando su palma tocó su piel, él soltó una exhalación profunda, casi un lamento, como si hubiera estado esperando ese contacto desde hacía meses.
—No lo acaricies —le dije—. Sostenlo. Déjate sentir.
Ella obedeció.Él cerró los ojos.El cuerpo de ambos empezó a hablar en un idioma que tenían olvidado.
El cambio de poder
Luego tomé la mano de él y la llevé al vientre de ella. No más arriba. No más abajo. Solo ahí, justo donde el cuerpo guarda lo que aún no se nombra.
—Respira aquí —le dije.
Él obedeció. Ella abrió las piernas apenas, un movimiento mínimo, pero imposible de no notar.
El poder pasó de una mano a la otra, de él a ella, de la respiración al pulso. Nada era exagerado. Nada era explícito. Todo era inevitable.

La tensión que despierta
Les pedí que acercaran las frentes. La piel se encontró. Las respiraciones se mezclaron. Los cuerpos entraron en esa quietud cargada donde el deseo no necesita prisa.
Ella lo sujetó por la nuca, suave pero firme. Él deslizó los dedos por su cintura como quien descubre un altar.
Y ahí, justo antes de que la intensidad quisiera tomar el control, los detuve.
—Hasta aquí —susurré—.Lo importante no es hacia dónde iban. Lo importante es recordar que pueden sentirse así.
El cierre
Abrieron los ojos al mismo tiempo. No para mirarse, sino para reconocerse desde un lugar nuevo. No habían tenido sexo. Pero habían tenido algo más íntimo: presencia plena.
Ella apoyó la cabeza en su hombro. Él le tomó la mano con una suavidad que nunca antes le había mostrado.
Y en la sala quedó flotando ese brillo que aparece cuando dos personas se encuentran sin máscaras…
…y se permiten ser cuerpo otra vez.

Este tipo de encuentros no son ficción.Son parte del trabajo que realizo acompañando a parejas a reconectar desde el cuerpo, la respiración, la energía y la intimidad consciente.
Como coach de parejas, masajista terapéutica, tallerista y facilitadora de dominación consciente, guío a las parejas a recordar lo que su vínculo sabía antes de que la rutina lo adormeciera:que el deseo es un lenguaje vivo, y el cuerpo… un territorio para volver a casa. Relato erótico consciente: cuando una pareja descubre el arte de rendirse al cuerpo
Diana Mena Coach de parejas e intimidad basada en tantra. Masajista terapéutica. Dominación Consciente. Tallerista y divulgadora.




Comentarios